Es, con razón,
considerado como uno de los mejores escultores de
nuestra región. Como sus pares, actúa y trabaja, en su
planteamiento, en moderno demiurgo queriéndose en toma directa
con
las fuerzas telúricas y elementales. II aspira, en y por su creación
personal, hecha de intuición sensible y rigor formal, por recoger
y
por canalizar sus energías secretas, su dinamismo vital, que
trabaja
el hierro forja o de bonitas maderas.
II tiene, como se sabe, detrás él, una obra importante
y de calidad.
Fiel a su ideal démiurgique, el escultor, en
sus últimas obras,
volvió a dar presencia y vida a los árboles muertos
de su jardín,
víctimas del invierno y de las "temporadas fieras".
II extrajo la
carne de estos grandes vegetales de las arquitecturas firmemente
articuladas. Enérgicamente sintéticos y de una gran
franquicia de
acento, retienen, agarran, por su hiératisme monumental y su
carácter totémique.
Percibido en su conjunto, el conjunto presencia menciona en primer
lugar un bosque petrificado. Pero para que el análisis y lo
explora
más antes, reviste la forma de un laberinto. Este término,
que
designa al principio una red de caminos donde el se tienen
dificultades a orientarse, debe tomarse aquí en su acepción
simbólica y esotérica.
Las formas y los ritmos que componen su arquitectura, despliegan
señales y símbolos suggestivement luminosos. Se responden
armoniosamente según la ley de complementariedad analógica
orientada
hacia el informe microcosmos (el hombre), macroc (la naturaleza).
Los
nuestros merecerían largos comentarios. Retendremos tenemos
título
de ejemplo de simbólico esotérico, dos bonitas esculturas
a las
líneas vigorosamente imbricadas que hacen pensar en "los
jefes de
obras" compagnoniques.
Es operando con "ciencia y conciencia" una transmutación
y al final
una transfiguración de los árboles muertos de su jardín
que FRECHIN
realizó su belio y misterioso laberinto. II quiso, a I' ejemplo
de
los alquimistas, intentar una primera realización de su "grande
obra"
personal. Percibiendo analogías y correspondencias inscritas
en el
gran templo de la naturaleza, nos propone un espejo microcósmico
reflejando la potente vida macrocosmique. Su mérito esencial
es haber
sabido hacer trabaja de creación personal, en el espíritu
de
autentifica más modernidad, aplicando al mismo tiempo una
iconografía "hermética" muy convincente porque
altamente
significando.
Este escultor de raza nosotros parece más que
nunca comprometido en
la vía real del cósmico y de lo sagrado.
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